domingo, 23 de enero de 2011

La despedida


Esto que les voy a narrar sucedió hace como cuatro años atrás, no se si en esos días estaría muy sensible pero me impactó de sobremanera, llegué a mi casa y lo escribí de inmediato, ahora  volví a leerlo y me sucedió lo mismo que esa vez, las lágrimas asomaron a mis ojos. Por eso, lo comparto con ustedes.

Hoy ha pasado algo, que oprimió mi corazón, como si fuera yo, la que lo vivió.

Transitaba por mi calle hacia la feria del barrio, delante de mí caminaba una pareja, él un joven de más o menos 20 años ella una mujer madura, hubo algo en ellos que me llamó la atención, quizás fue la forma como él se daba vuelta para mirarla casi de frente mientrás ella le hablaba, no les quité la mirada, llegaron a la esquina se abrazaron y casi pude sentir el cariño que en ese abrazo se entregaban, él la beso en la cara, luego en la frente y siguio caminando mientras ella se dejó caer sobre una muralla que ahí estaba, cuando pasé por su lado la miré y pude ver en su rostro el dolor retratado, permaneció ahí sin moverse, sólo lo observaba.
Ese dolor me traspasó, sentí como al pasar por su lado esa energía se me había sumado. Miles de preguntas se agolparon en mi mente.
Él siguió caminando como si nada, yo pensaba, si supiera como ha quedado esa mujer con su partida. Seguí tras él, era mi camino obligado, cuando de repente casi a media cuadra él se detiene, mira hacia atrás y levanta su mano agitándola en el aire, ahí mi curiosidad fue inmensa, me detengo miro hacia ella y la veo parada en el mismo lugar contestando el saludo. Él siguió caminando, cada cierto trecho hacía lo mismo y ella ahí detenida le respondía, después de un tiempo cuando ya su figura se perdía, pensé ¿Ella seguirá? me doy vuelta y la veo caminando de espaldas, el lenguaje del cuerpo me lo dijo todo, inclinada, su paso era cansino, su sufrimiento era real.
En ese momento sentí un dolor tan grande que mi garganta se oprimió, no podía tragar, mis ojos se nublaron y sentí rodar mis lágrimas sin yo querer.
¿Qué historia dolorosa se escondía en esa despedida? Nunca lo sabría .

2 comentarios:

descalza dijo...

Nunca lo sabrías. Pero asististe como testigo de excepción a ella. Nunca sabremos si esa mujer sintió tu apoyo o no, probablemente sí.

Gracias por contar la historia, un beso

PD: te dejé algo en mi blog

carmesí dijo...

Gracias descalza por pensar en mi para premiar este blog con el sello de calidad, es un honor, muchas, muchas gracias.
Besos
carmesí